Diario de viaje ficticio: una tarde sin cobertura
Con la moto aparcada y el campamento listo, disfruté de la tranquilidad más de lo esperado.
La carretera se sintió diferente cuando dejé de mirar el contador de kilómetros. Las pequeñas decisiones empezaron a dar forma al día: dónde parar, qué bolsa abrir y si el siguiente tramo encajaba con el ánimo del viaje. La moto era simplemente la forma de llegar a esos momentos.
Lo que me llevé a casa
Al aparcar entendía mejor qué quería de la siguiente salida. Buscaba menos paradas apresuradas y una rutina de equipaje en la que no tuviera que pensar. El viaje había sido pequeño, pero había dado una historia propia a un fin de semana corriente.
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